Me dice un amigo creyente que hay muchísimas razones para creer en Dios por su infinita bondad. Y yo le he dicho que si Dios existe es un psicópata enfermo.
Hay que ser un ser profundamente despreciable para crear un cosmos vacío y yermo. Frío, helado y oscuro en el que los planetas son destruidos, las estrellas mueren y los agujeros negros se tragan todo a su paso. Y en un remoto lugar se produce vida efímera y caprichosa. En ese planeta los seres que lo habitan, producto del caos, se aniquilan unos a otros desde el inicio de la vida. Una bacanal de destrucción y muerte sin fin, para finalmente desaparecer en función de si un meteorito impacta, un cambio climático sobreviene o el astro rey implosiona y destruye todo a su paso.
Decía Epicuro que si Dios quiere acabar con el mal pero no puede, es impotente; si puede pero no quiere, es malévolo. El universo que ha creado no está diseñado para albergar vida. La vida parece una anomalía frágil en medio de un entorno hostil, radiactivo y destructivo. La evolución biológica se basa en el sufrimiento. Para que una especie sobreviva, otra debe ser devorada viva. Es un sistema fundado en el dolor y la destrucción. Es un sistema terrible. Si una entidad consciente y trascendente diseñó este sistema sabiendo el sufrimiento que causaría, el veredicto lógico es que estamos ante la crueldad mental o, tal vez, la indiferencia absoluta ante el dolor.
Habrá quien argumente que los designios del creador son inescrutables y no somos capaces de entenderlos. Argumentar que esa limitación es el propósito en sí mismo implicaría que Dios sostiene que la distancia entre la mente humana y la mente divina es tan infinitamente vasta como la que separa a una hormiga de la astrofísica. Para el creyente no hay que entender a Dios con la lógica humana y así hacerlo es un error de origen, por lo tanto, renuncian a la razón y abrazan la fe ciega, asumiendo que el dolor y el caos cósmico tienen un sentido que solo se revelará cuando la mente humana ya no esté limitada por la materia o alcance una conexión con Dios. Entiendo que es un argumento tramposo y vacío, pues no se le puede pedir a un ser humano que adore la infinita bondad de alguien que le ha negado la capacidad de comprender sus métodos, especialmente cuando esos métodos incluyen una bacanal de destrucción cósmica y biológica. Es una disonancia cognitiva insalvable. Una aberración propia de un ser aberrante.
El verdadero problema es asumir que estamos completamente solos en un universo indiferente y que la moral es solo un invento nuestro para protegernos del frío cósmico. Los dioses que habitan en lo trascendente son hijos de nuestro pavor. Son meras excusas para sobrellevar la realidad. Y esas excusas son producto de la evolución del cerebro. El cerebro es una máquina maravillosa, pero también construirá las mentiras que sean necesarias para hacernos capaces de compatibilizar el sabernos finitos y el poseer el instinto de supervivencia.