Decía Bergman «A pesar de mis propias creencias y dudas, creo que el arte perdió en mi opinión toda su fuerza creativa en el momento en que separó del culto. Servía de cordón umbilical y ahora vive una vida estéril, generándose y destruyéndose a sí mismo. En los días formativos el artista permanecía desconocido y su trabajo era la gloria a Dios. Vivía y moría sin ser más importante que los otros artistas «Valores eternos», «Inmortalidad» y «Obra maestra» eran términos que no ajustaban a este caso. La capacidad de crear era un regalo: en ese mundo florecía la promesa indestructible y la humildad natural».
Sinceramente creo que el director nórdico aquí nos deja una pincelada de su notable grado de enajenación intelectual, que aplicada a su sentido artístico, conceptual y de fondo en sus propuestas cinematográficas, hacen que un servidor deteste su cine por infectado de perorata. Son dramas apolillados y que destilan naftalina por cada fotograma. Afrontar los grandes temas del hombre desde la afectación y la teatralidad. Desde la prédica insoportable por pretenciosa.
Decía Bergman de Orson Welles «Para mí es solo una falsificación. Está vacío. No es interesante. Está muerto. Ciudadano Kane, de la cual tengo una copia y es la amante de todos los críticos (siempre está en todos los top diez), es un aburrimiento total. Sobre todo, las actuaciones no valen nada. ¡La cantidad de fervor crítico que tiene esa película es totalmente increíble! Welles anda con una máscara y una peluca parodiando al gurú periodístico William Randolph Hearst ¡pero se nota que es falsa en toda la película!»
Sinceramente creo que el director nórdico aquí nos deja una pincelada de su notable grado de mal gusto cinematográfico y restricción de miras, incapaz de ver el salto evolutivo formal y conceptual que en la historia del cine supuso Ciudadano Kane. Asimismo, es torpe por falta de autocrítica. Más bien hace lo que los inseguros y limitados, esto es, acusar a otros de lo que realmente son ellos. Si hay cine y propuestas vacías, afectadas, huecas, teatralizadas, amaneradas, presuntuosas, presumidas, con ínfulas y profundamente pedantes y trufadas de erudición y arrogancia son las del director sueco.
Orson Welles dijo de Bergman «Yo no vivo en ese mundo del norte, muy protestante, de artistas como Bergman. La Suecia que me gusta visitar es muy divertida. Pero la Suecia de Bergman siempre me recuerda algo que dijo Henry James sobre la Noruega de Ibsen «Parece estar llena del hedor de la naftalina espiritual» ¡Cómo me va a gustar eso! No comparto ni los intereses de Bergman, ni sus obsesiones. Está más lejano a mí que los japoneses».
Brillante reflexión sobre el cineasta boreal que en realidad nunca fue un director de cine, más bien un frustrado intelectual que utilizó el cine para sus sermones espirituales, sus cuitas familiares, fracasos y contrariedades sexuales y paternales, existenciales, sentimentales y culturales. Un cargante y frustrado intelectual metido a director de cine que solo supo filmar obras de teatro irritantes, latosas, aburridas, pesadas, tediosas, relamidas e impenitentes.